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A propósito del 2023 y la España antimora

2023 ha sido un año duro para la población mora y musulmana. Que se lo digan a las y los palestinos, que más allá del genocidio que está sufriendo desde hace más de dos meses, sufren una ocupación colonial que dura casi un siglo. Una desposesión que va, literalmente, borrándoles del mapa poco a poco con el silencio cómplice, cuando no con un rol activo de encubrimiento y apoyo material de la “Comunidad Internacional”, es decir, EE.UU. y Europa.

Mientras me preparo un café mañanero pongo la radio, La SER, la tertulia de todólogos que exponen sus argumentos sobre los temas de la actualidad a este lado privilegiado del mundo. Privilegiado sí, pero donde unos ostentan más privilegios que Otros. Toca hablar del “conflicto”, de la “Guerra de Israel con Hamás”, ideas sobre las que nos alertó Fátima Tahiri. Eso sí, en estas tertulias, lo primero “es recordar que esto empezó con los ataques terroristas de Hamás el 7 de octubre dejando unos 1.200 israelíes muertos y 240 secuestrados”. Expuesta esta máxima ya se puede legitimar toda respuesta posterior hasta el punto que es empleada por el portavoz del gobierno estadounidense en justificación del bloqueo a las estériles resoluciones de la ONU pidiendo un “Alto el fuego”. Nada de un alto el genocidio. Salvando las diferencias, esto es como ese señor que “no es racista, PERO”, lo que viene después, es racismo.

Casi no abro las redes sociales, cuando lo hago, aprovecho para denunciar las atrocidades, convocar a las concentraciones y señalar los Estados cómplices. No en mi nombre. No las abro porque veo los cuerpos de mis semejantes desmembrados, ancianos y ancianas, niños y niñas, Israel no discrimina, periodistas asesinados selectivamente, hospitales bombardeados donde han muerto 400 civiles, PERO “es que había un jefe de Hamás escondido”, así equilibran la balanza. Así lo han dicho en la tele. Ni una sola vez se han referido en los medios al Estado de Israel como un Estado terrorista, da igual que los civiles asesinados por este multipliquen por más de 20 los del 7 de octubre, da igual que la población palestina herida supere los 50.000, y que los desplazamientos forzosos alcancen los 2 millones. Nada en los medios sobre que esto no empezó el 7 de octubre, sino un poco antes, después de la II Guerra Mundial, cuando Occidente decidió lavar su conciencia antisemita iniciando un proceso de ocupación y desposesión del pueblo palestino.

A pesar del exceso de azúcar, el café ya no me sabe dulce. No quiero mirar a otro lado, pero ver el genocidio que están ejecutando ante nuestras narices es desolador. Yo ni siquiera iba a escribir sobre Palestina, en Mektub llevamos semanas escribiendo sobre ello, porque como bien dice el rapero puertorriqueño Residente, no debemos ni podemos hablar de otra cosa, hay que parar esto y nosotros, quienes pedimos el fin de la matanza premeditada de población palestina, estamos en el lado correcto de la historia.

La España antimora

Yo quería hablaros de otro tema, aunque relacionado. Vinculado desde la violencia racial que nos deshumaniza como población mora y musulmana. Población que hemos visto en las últimas semanas el aumento de los ya antes excesivos y violentos controles policiales a los que se somete a nuestras comunidades. Y es que, como viene siendo habitual, la masacre israelí si tiene un efecto inmediato en Europa, paradójicamente, es más racismo antimoro y antimusulmán, en la sociedad en su conjunto, producido desde las instancias del poder y sus instituciones policiales y mediáticas. Desde la ilegalización y criminalización mediática de organizaciones no lucrativas en Alemania o Francia, a la persecución de quienes acuden a protestar contra el genocidio en las calles de Italia o Reino Unido. Aquí en España, el efecto inmediato ha sido el aumento del control policial a la población ante el nivel de alerta nacional. Os podéis imaginar a quienes están parando e identificando las autoridades para comprobar si son terroristas. En resumen, el genocidio de Israel en Palestina contra población principalmente musulmana se traduce en más racismo contra la población musulmana o así leída que vivimos en Europa.

Esta cada vez menos excepcionalidad antimusulmana y antimora, se mezcla con la cotidianidad. Hace unos días supimos del proceso judicial a consecuencia del asesinato racista de Younes Bilal. No sé si aún os acordaréis de él, a este joven marroquí, lo mató Carlos Patricio B.M., un exmilitar, en junio de 2021 de tres disparos en una cafetería del Puerto de Mazarrón al grito de “moro”. Carlos Patricio B.M. dijo ante el juzgado que “nunca” quiso matarlo, pero “salió así”. Así. Lo más doloroso no es solo que saliera así, es que a pesar de que el asesino confeso antes de disparar profiriera un “putos moros”, “no quiero moros”, el jurado popular que le ha considerado culpable, ha descartado la motivación racista del asesinato. Los más de 20 años de condena no hacen justicia por Younes, porque murió por ser lo que era, a Younes se le ha matado por ser moro y, sin embargo, el mismo país que lo repudia por serlo, le niega una justicia completa. Si es que se le puede llamar justicia a esto.

El caso de Younes no es anecdótico. De hecho, guarda similitudes sangrantes con el de otro Younes de apellido Slimani. En 2018 la Audiencia Provincial de Madrid condenó a dieciséis años de cárcel a Ángel Luis Viana Jiménez, el guardia civil que lo asesinó de seis tiros (aunque le disparó hasta once veces) en la autovía A-3 en abril de 2016. Según los magistrados, el agente fuera de servicio actuó con alevosía y ensañamiento, eso sí, le aplicaron una eximente por trastorno mental transitorio. Los magistrados consideraron que el asesino sufrió una psicosis, denominada trastorno psicótico breve, por la que creyó que era inminente un atentado terrorista y tenía que evitarlo, acribillando a balas a Younes. De esta forma, quedó fuera de toda consideración la motivación racial. Para la justicia, el racismo es una enajenación mental. Es decir, de todo menos lo que realmente es: una realidad política con consecuencias letales.

Injusticia como la que envuelve la vida y la muerte de Malek, ¿habéis leído algo sobre este chico argelino de 22 años que se habría suicidado en la prisión de Zaballa? cuenta Gessamí Forner que su familia informó en marzo de este año que se personará en la causa abierta en el Juzgado de Instrucción nº3 de Gasteiz para determinar si la Administración Penitenciaria “obró con la diligencia debida durante las semanas previas y el día del fallecimiento”. Quieren saber las circunstancias que rodearon la muerte de Malek, el por qué este Centro Penitenciario no activó el protocolo antisuicidios y cuál era la situación del chico en la prisión donde llevaba desde septiembre de 2020.

Tampoco hay justicia para Khadija Alanti, la madre de Ilias Tahiri, el chico que con 18 años murió en 2019 a consecuencia de la contención mecánica que le fue aplicada por hasta seis personas mientras se encontraba atado boca abajo a una cama de un centro de menores de Almería. En el mes de septiembre supimos que el caso de este chico se juzgará como delito leve después de que el juzgado estimó la petición de la Fiscalía de celebrar el juicio por homicidio imprudente menos grave, castigado con pena de multa de 3 a 18 meses. Desde que Khadija inició el tortuoso y largo camino buscando que quienes le quitaron a su hijo pagaran por ello, dos veces había sido archivada la causa. Recordemos que la versión oficial inicial fue desmentida gracias a un video en el que se puede observar que las medidas de contención y sujeción mecánica no se realizaron en presencia de un médico, como establecía la ley.

Mientras repaso estas líneas, el movimiento antirracista de Galicia exige justicia después de que, en el día de Navidad, en la mañana del 25 de diciembre, un joven negro y migrante de 35 años muriera a consecuencia de los disparos ejecutados contra él por la Policía Nacional en el Polígono de Grela (A Coruña). Todo ello envuelto en un baile de versiones cambiantes sobre los hechos, ofrecidos tanto por la Policía Nacional como por el Sindicato Unificado de Policía. Las organizaciones antirracistas que exigen justicia han señalado el trato deshumanizante y criminalizador de los medios de comunicación, tratando de legitimar lo que consideran un asesinato que hunde sus raíces en un entramado institucional y policial de supremacía blanca. Un entramado antinegro, antimoro, antigitano y anti todo aquello que no sea lo establecido por el sistema de la blanquitud.

Para este sábado 30 de diciembre, la sociedad civil organizada está llamando a una última concentración (este año) por el fin del genocidio en Palestina. No se me ocurre una mejor forma de acabar el año que luchando contra el racismo y el orden colonial que tanto dolor y sufrimiento infringe a diario, por Younes, por Malik, por Ilias. Porque sus muertes, sus asesinatos, como la propia causa Palestina, junto a la de otros territorios aún sometidos al yugo colonial, son y deben ser causa del antirracismo, una causa por la que denunciar el racismo de las instituciones y la complicidad que estas están teniendo mediante acuerdos políticos, económicos y comerciales, que directa e indirectamente, los hace partícipes de un genocidio en Palestina. 

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