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¿Hablar de la extrema derecha?¿Cómo?

Para hablar de extrema derecha me inspiro en una fotografía compartida en sus redes sociales por la educadora social e investigadora Ainhoa Nadia. Una publicación de otro/a autor en la que, bajo el título ¿Cómo quieres que te sirvan el racismo? muestra una imagen de Biden con el rótulo de sistémico y otra de Trump con el rótulo de descarado. Para contextualizar, Ainhoa tunea la publicación añadiendo una fotografía de Pedro Sánchez junto a la de Biden y otra de Abascal junto a la de Trump. Un resumen de cómo debería hablarse de extrema derecha.

No se trata de caricaturizar ni banalizar ese descaro que tiene la extrema derecha a la hora de enunciar e implementar sus políticas ni su ideología totalitaria. Al contrario, se trata de señalar que esta no tiene nada de revolucionaria ni novedosa porque su ideología encaja con la del Estado. Pongamos algunos ejemplos para evidenciar esto:

Hay muchos, pero destacaremos algunos vinculados a Cataluña. Allí, la ultraderecha, llámese VOX o Junts, instrumentaliza el tema de la inmigración para ganar rédito político. Un clásico. En una decisión sin precedentes, durante la negociación del primer decreto ley impulsado por el actual Gobierno, Junts hizo valer la fragilidad sobre la que se sostiene esta legislatura presionando para que se cedieran las competencias de inmigración a la Generalitat, gobernada esta por ERC. Las primeras declaraciones de Junts tras esta pseudocesión son conocidas, vienen de los postulados clásicos de la ultraderecha: queremos las competencias en inmigración para expulsar a los delincuentes reincidentes. Un planteamiento racista que establece una eugenesia racial según la cual se deshacen de aquellas personas no blancas que cometen delitos, pero las que cometen delitos y son blancas se las quedan, no en vano son sus delincuentes.

Ante este panorama, aparece el presidente del Gobierno español para conceder una entrevista a su conglomerado mediático preferido, el Grupo Prisa, donde señala que a los inmigrantes ya los expulsa la Administración Central. El/la sujeto migrante y racializado, deshumanizado y criminalizado empleado como objeto y baza electoral, sin importar las consecuencias que pueda conllevar. Y esta, que es una estrategia discursiva de la extrema derecha, es una política de Estado y por ello es sistémica. Por eso Pedro Sánchez puede presumir de expulsiones.

No se trata de caricaturizar ni banalizar ese descaro que tiene la extrema derecha a la hora de enunciar e implementar sus políticas ni su ideología totalitaria. Al contrario, se trata de señalar que esta no tiene nada de revolucionaria ni novedosa porque su ideología encaja con la del Estado.

Otro ejemplo, sin moverse de Cataluña, son las llamadas cloacas del Estado español, el espionaje a líderes y activistas, así como el uso de pruebas falsas para desarticular al movimiento independentista. Esto si ha sido objeto de debate en Cataluña, lo que no lo ha sido es cómo la Generalitat implementa desde hace años un programa de espionaje al alumnado musulmán. Hablo del PRODERAI, Protocolo para la Prevención, Detección e Intervención en procesos de Extremismo Violento. Un espionaje que parte de la idea de que en todo alumno/na musulmán hay un potencial terrorista. Un protocolo opaco que aparentemente busca prevenir el radicalismo y el terrorismo, pero no tiene como prioridad perseguir al considerado por varios países europeos como el mayor peligro para la seguridad, la ultraderecha. Lo que se hace es vigilar los comportamientos del alumnado musulmán e iniciar investigaciones prospectivas que suponen en la práctica su estigmatización y criminalización.

Hay más ejemplos, como la Ley de Extranjería, materialización visible de una jerarquización racial de la población. Esta ley naturaliza la supremacía blanca más que cualquier discurso de Abascal. También podemos hablar del dispositivo policial montado en Cataluña con el inicio del genocidio israelí en Palestina, donde se multiplicaron las identificaciones por perfil en busca de potenciales terroristas descontentos con la postura europea en Palestina. Viendo la lógica del PRODERAI podemos imaginar a quienes identifican las fuerzas del orden cuando buscan potenciales terroristas.

Seguimos con los ejemplos. Otra bandera de la extrema derecha es la expulsión de menores migrantes que vienen solos, pues bien, recientemente el Tribunal Supremo ha resuelto que las devoluciones forzosas de menores practicadas en Ceuta en 2021, bajo la primera coalición de Gobierno de izquierdas, fueron ilegales. Es más, en la misma semana esta sala volvió a señalar que España expulsó a 12 menores más saltándose la ley. Son precisamente estas políticas las que alimentan el auge de la extrema derecha. Es de sobra conocido que en contextos de crisis los segmentos de población más empobrecidos y discriminados son usados como chivos expiatorios. Lo hemos visto a lo largo de la historia. Lo estamos viendo hoy día por toda la UE.

Las políticas que la extrema derecha dice que va a implementar en materia de migraciones cuando llegue al poder, ya se ejecutan en mayor o menor medida. Y se practican desde la génesis y conformación del Estado español tal y como lo entendemos hoy. La historia está llena de pragmáticas, órdenes reales y políticas que se han ejecutado durante siglos para disciplinar y expulsar al Otro no blanco fuera musulmán, judío o gitano. Lo que hoy vemos es una continuidad en esa genealogía como señalan Salma Amzian y Ainhoa Nadia Douhaibi en su libro La radicalización del racismo. Islamofobia de Estado y prevención antiterrorista. Pongamos otro ejemplo, partidos políticos neofascistas han propuesto en repetidas ocasiones quitar la nacionalidad a aquellos inmigrantes que no se adapten o muestren lealtad absoluta a España. Las instituciones españolas ya expulsan del país y quitan la nacionalidad a personas que han cumplido sus condenas. Lo que es en la práctica un triple castigo. Más eugenesia racial.

Son estos marcos de discusión los que debemos abordar y es ahí donde debemos poner el foco de la estrategia comunicativa para tratar de desarticular y desmontar la supremacía blanca. Lo que estamos viendo es que la derecha y la socialdemocracia europea no hacen sino dar más fuerza a estos postulados, eso implica asumir la discusión en los términos que plantea la extrema derecha. Y la izquierda institucionalizada, en lugar de aportar propuestas radicales que vayan a la raíz de estas problemáticas, caricaturizan a estas fuerzas políticas llegando a borrar su ideología racial y la del Estado cuando, por ejemplo, no hablan de racismo sino de xenofobia.

La ultraderecha se beneficia de las políticas que son intrínsecas a los estados europeos, porque les basta con decir de forma descarada lo que es sistémico, pero a su vez esta relación de beneficio se da a la inversa, las demás fuerzas políticas se benefician de la extrema derecha haciendo parecer moderado a alguien como Marlaska. Pero no fue sino bajo la primera coalición progresista que se produjo hace 1 año y 7 meses una masacre en Melilla, sin que nadie haya pagado por ello. En 2023, según la ONG Caminando Fronteras, 6.618 personas murieron a consecuencia de las políticas migratorias de la UE, eso son unas 18 personas al día. 

Ante este panorama, es la movilización social antifascista y antirracista la que, además de confrontar al neofascismo allí donde surja y se moviliza, debe proponer un cambio de paradigma. Las manifestaciones de cientos de miles de personas en Alemania desde hace tres fines de semana contra el auge y las políticas del partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) son más que bienvenidas, son una forma fundamental de concienciar y parar los pies al neofascismo. Sin embargo, las políticas que plantea AfD son más descaradas, pero lamentablemente no difieren más que en la exageración de las que ya existen en toda la UE. 

No es el antirracismo el que hace grande a la extrema derecha, lo que hace crecer al neofascismo son los propios cimientos de la UE, su lógica colonial y unas políticas raciales que en lugar de combatir desigualdades las perpetúan. 

Esto es algo que se viene señalando desde el antirracismo desde hace años, recibiendo críticas y acusaciones de querer generar división y alimentar a la extrema derecha. Esta es una acusación injusta y alejada de toda realidad. No es el antirracismo el que hace grande a la extrema derecha, lo que hace crecer al neofascismo son los propios cimientos de la UE, su lógica colonial y unas políticas raciales que en lugar de combatir desigualdades las perpetúan. 

Este artículo es una adaptación de la conferencia dada en Barcelona el 27 de enero en las Jornades Fent Front a l’extrema dreta a la Mediterrània: Resistències des de l’antiracisme i l’antiislamofòbia organizadas por el Institut de les Desigualtats.

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