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El racismo antimoro, la islamofobia y la lucha antirracista (Parte II)

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Por Youssef M. Ouled y Fátima Tahiri Simouh

Ya hemos visto en la primera parte algunos apuntes generales sobre el racismo antimoro y la islamofobia. Ahora, intentaremos dar unas pinceladas generales sobre cuál ha sido el lugar de estos en la lucha antirracista en España y cuáles han podido ser las causas por las que la lucha contra el racismo antimoro y la islamofobia no sean también una de las claves en la lucha. Somos conscientes de la complejidad de los conceptos tratados en ambos textos. Por ello, en este artículo se expondrá desde lo más general a lo más particular en la lucha contra el racismo antimoro y la islamofobia. 

Una de las primeras cuestiones a señalar es el uso del lenguaje y las palabras. La discriminación que sufrimos las personas moras ha sido calificada y conceptualizada de varias maneras en los últimos años. Hecho que crea confusión y desconcierto a la hora de poder fijar unas bases y principios para luchar contra esta discriminación.

En la década de los 90 se extiende el uso de “islamofobia” con diferentes connotaciones como “miedo y odio hacia el islam y los musulmanes”, o el término de racismo antimusulmán. Conceptos que conviven con la utilización de la categoría racismo antimoro que viene a definir la figura del moro como enemigo en diferentes partes de la historia. Todo ello supone divisiones y varios debates sobre el camino de la lucha. 

En Mektub, optamos por el uso de los conceptos “racismo antimoro” e “islamofobia” con el fin de mostrar las diferentes singularidades y formas de discriminación hacia la población musulmana que se conforma por una multiplicidad de nacionalidades, etnias, lenguas, etc. Toda una diversidad que se obvia e invisibiliza con el fin de mostrar una imagen estereotipada y estigmatizante de las personas musulmanas. 

Este carácter religioso y cultural que emana del entendimiento del racismo antimoro y la islamofobia hace que su inclusión en la lucha antirracista sea cuanto menos complicada. La irrelevancia de la cuestión religiosa en el espacio público hace que el debate de la islamofobia y el racismo antimoro no sea considerado como una opresión racista sino como una incompatibilidad con el mundo moderno, donde la religión no tiene cabida y se reserva a la esfera privada. Entendiendo así la islamofobia como una serie de prejuicios y cuestiones privadas y vaciándolo de todo sentido político. Creando a su vez un discurso islamófobo de izquierdas que se considera “crítico” con la religión. 

Vaciar de contenido político y negar las estructuras de poder que generan el racismo en general, y el racismo antimoro e islamofobia en particular, es por desgracia algo constante en la política española y también en las luchas sociales. El antirracismo es considerado como algo moral que se utiliza para luchar contra conductas cometidas por el miedo, el odio y la intolerancia, relegándolo así a algo residual. Hecho que convierte al antirracismo en ineficaz. Esta situación ha llevado a que durante años se haya combatido la islamofobia a través de debates interreligiosos que buscan crear puentes y romper prejuicios. 

Sin menospreciar el trabajo que durante décadas han hecho hermanos y hermanas en este sentido, el diálogo interreligioso es prácticamente inservible porque se pretende el diálogo entre personas que no parten de la misma situación y que reproducen la relaciones de poder donde las personas musulmanas están en clara desigualdad. La falta de políticas estatales de diversidad religiosa ha hecho que nuestra propia comunidad haya volcado todos sus esfuerzos en la autogestión de su derecho a la práctica religiosa (creación de mezquitas, su financiación y su gestión, clases de lengua árabe e islam, etc) y el trabajo comunitario. Si bien se ha hecho mucho trabajo por la impulsión de nuestros derechos religiosos y la convivencia, la amalgama que supone debatir la realidad de los musulmanes desde lo religioso exclusivamente conlleva a análisis incompletos y a una barrera que impide el reconocimiento social e intercambio. Ser musulmán en España no implica sólo tener un credo religioso diferente sino que significa ser parte de una población minoritaria con un número importante de personas que afronta varias dificultades originadas por su estatus administrativo, el racismo y acontecimientos geopolíticos (terrorismo, guerras y conflictos políticos en medio oriente, etc). Por eso el antirracismo político puede ser una solución para combatir las diferentes opresiones que vivimos y mejorar nuestra situación como ciudadanos. 

El esfuerzo que implica el antirracismo en general, y la lucha contra el racismo antimoro y la islamofobia en particular, requiere una reflexión política que cuestiona asuntos tan delicados como las fronteras, la naturaleza y creación del Estado Nación o el pasado colonial. Este debate llega a ser entendido como intimidatorio y acusador al apuntar hacia lo que se había obviado desde siempre por haber sido considerado la norma: la blanquitud y sus privilegios.   

A todas estas dificultades de las que ya parte el antirracismo moro y la lucha contra la islamofobia, se le añade un nuevo obstáculo a partir del 11 de septiembre de 2001. El terrorismo centra el debate social y polítco en el enfrentamiento entre islam-Occidente poniendo el enfoque en la cuestión religiosa. Se abre la era de la “Guerra al terror” que desencadena una tendencia de políticas securitarias en torno a las comunidades musulmanas. Se institucionaliza la islamofobia legitimada por el discurso del peligro que suponen unas personas cuyo credo religioso presuntamente amenaza el estilo de vida occidental.

En España, la islamofobia, en auge por este terrorismo, se sumó a todo el imaginario que hemos apuntado. Prueba de ello es la intervención de Jose María Aznar en la inauguración del curso 2004/2005 de la Universidad de Georgetown de Washington donde afirmó “que el problema de España con Al Qaeda empieza en el siglo VIII”.

La memoria histórica, la inmigración y el terrorismo serán las bases con las que racismo antimoro y la islamofobia vayan de la mano en España. Se establece la religión como marcador racial, el islam, la religión de los no blancos, obviando toda la diversidad de naciones y pueblos que la profesan y negando la capacidad de acción de cada persona. No existimos como individuos, se nos construye como una masa homogénea a la que criminalizar.

La lucha antirracista mora se ve profundamente afectada por estos hechos ya que se exigen disculpas por parte de la comunidad musulmana, presuntas acusaciones a activistas, estigmatización a ciertas mezquitas y el aumento de ataques islamófobos tanto a personas musulmanas como a centros de culto. Creando una atmósfera de impotencia en la que no se puede expresar ni criticar la islamofobia que se vive por miedo a ser acusado de violencia, cuando en realidad se es víctima de ella.

Otro obstáculo que dificulta una lucha antirracista mora y contra la islamofobia es la sobrepresentación* de lo moro entendido como lo árabe, lo marroquí, lo maghrebí que invisibiliza a otros colectivos como pueden ser la comunidad negra musulmana o la comunidad surasiática musulmana. Colectivos a los que se le niega su propia identidad y reflejan en ellos tradiciones y formas de ser musulmán que no coinciden con su realidad socio-histórica. Un hecho que se acompaña con toda una serie de intersecciones raciales, sociales, políticas y económicas que nos atraviesan como comunidad y que hace que la unión y la convivencia se vea afectada. Sin olvidar, la barrera idiomática que ha tenido gran parte de la primera generación de migrantes moros y musulmanes que ha supuesto un impedimento para participar y estar presente en la escena pública antirracista. 

En conclusión, las dificultades y obstáculos son varias pero no deben ser un impedimento para una vez de todas construir un movimiento antirracista moro y contra la islamofobia unido y fuerte. Un movimiento que visibilice la riqueza y diversidad étnico-racial, cultural y espiritual que nos conforma. Un movimiento que emane del respeto; que reconozca y actúe contra las diferentes intersecciones y opresiones que nos atraviesan sin olvidar que somos una misma comunidad. Que somos uno contra un racismo y una islamofobia que nos quiere desunidos, enfrentados y oprimidos. 

*Esta sobrerepresentación a la que nos referimos creemos viene basada en la historia colonial y la relación política con Marruecos con el que todavía existen problemas socio-políticos que afectan al día a día de muchas personas por su extrema politización. El discurso que trata de polemizar estas cuestiones criminaliza aún más a la población mora marroquí y rompe una posible unión entre diversos colectivos de la comunidad musulmana. Haciendo imposible una lucha antirracista mora y contra la islamofobia fuerte y unida. Sin olvidar también la invisibilización de la identidad amazigh absorbida por la arabización de todo lo que concierne lo moro y el islam.

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