Saltar al contenido

Palestina: la causa de todxs el duelo de pocxs

La guerra es caótica, sangrienta y desagradable tanto como verla reflejada en imágenes de gente gritando, en ataques de pánico, charcos de sangre por doquier, cadáveres de hombres, mujeres y niños que yacen bajo los escombros de una ciudad destruida y gris. Nadie puede ver los entierros, ni las lágrimas de dolor de las familias al despedirse, incluso no se saben los nombres ni se muestran imágenes de ellos vivos. La guerra es la historia de un pueblo narrada desde la muerte sin derecho a la vida. Así es la violencia en Palestina y así se ha contado a lo largo de todos estos años desde 1948 donde el llamado “conflicto palestino-israelí” no ha dejado de estar manchado de caos.

Sin embargo, no es sólo la “guerra” o el “conflicto” lo que tiñe de incomprensión, desinterés y apatía la causa Palestina, es el colonialismo. Lo que pasa en Palestina está impregnado de violencia colonialista: la desposesión de tierras a las poblaciones indígenas, la limitación física de esas poblaciones mediante la violencia de dispositivos militares y policiales, la creación de un muro de apartheid para dividir a la población y crear entornos “seguros” para los colonos (los israelíes). Todo ello acompañado de un lenguaje y una narrativa que hace del colonizado la esencia de todos los males.

En este caso los/as palestinos/as son retratados como personas violentas, carentes de valores y cultura que las convierten en el enemigo absoluto de la democracia y desarrollo que representa el proyecto colonial de Israel bajo el beneplácito de Europa y EEUU. Fanon en su obra Los condenados de la Tierra afirma que, el colono cuando habla del colonizado lo hace a través de lenguaje zoológico (Fanon: 2017, 33) Por eso las declaraciones del ministro de defensa israelí “Estamos luchando contra animales humanos” han pasado desapercibidas e incluso me atrevería a afirmar que se han considerado justificadas. La focalización en la supuesta lucha contra el terrorismo de Hamás y su apoyo por el pueblo palestino es una estrategia que se sustenta y se refuerza por el discurso islamófobo y racista que lleva desde décadas deshumanizando y criminalizando a las poblaciones musulmanas en Europa y EEUU. Una manera de conseguir el apoyo unánime de fuerzas políticas, medios de comunicación y la sociedad civil internacional para seguir expandiendo el proyecto colonialista sionista en Palestina.

A estas alturas la pregunta que se impone es ¿qué hace de Israel tan intocable? ¿por qué este apoyo tan fuerte a pesar de las evidencias de las atrocidades hacia el pueblo palestino y que nos llegan todos los días a través de las redes sociales? El apoyo y posicionamiento tanto político como mediático a Israel ha sido unánime. El acostumbrado silencio sobre la causa palestina ha desaparecido para dar lugar a la defensa del relato israelí y sionista obviando de un plumazo los más de 70 años de ocupación ilegal de los territorios palestinos y los crímenes de guerra cometidos todo este tiempo. El discurso de la autodefensa se ha convertido en una barra libre del aumento de la crueldad en la escala de violencia hacia una población civil indefensa y sin armamento.

El relato sionista cuyo discurso se centra en la narrativa de la lucha entre diferentes fes es una estrategia consciente y promovida desde el inicio de la ocupación ilegal de los territorios palestinos para conseguir el escudo perfecto: el antisemitismo.

El relato sionista cuyo discurso se centra en la narrativa de la lucha entre diferentes fes es una estrategia consciente y promovida desde el inicio de la ocupación ilegal de los territorios palestinos para conseguir el escudo perfecto: el antisemitismo. Estamos siendo testigos de cómo cualquier apoyo al pueblo palestino o crítica hacía la violencia desmesurada y desproporcional de Israel es tachada rápidamente de antisemitismo. Evocando así al temido fantasma de Occidente y cuya cuna ha sido Europa. Episodios de la historia como el desarrollo de corrientes antijudías del período de entreguerras o el advenimiento del nazismo son prueba de ello. En Los blancos, los judíos y nosotros Houria Bouteldja explica que  “universalizar el antisemitismo, hacerlo un fenómeno intemporal y apátrida, es dar dos golpes de una pedrada: justificar el hold-up a Palestina y la represión a los indígenas en Europa” (Bouteldja:2017, 57). Por eso, como sigue afirmando Bouteldja, tocar la memoria del genocidio es meterse con “el templo de lo sagrado: la buena conciencia blanca. El lugar a partir del cual Occidente confisca la ética humana y la hace su monopolio universal y exclusivo” ( Bouteldja: 2017,65). 

Europa no se puede permitir volver a poner en duda su autoproclamada legitimidad moral. El sionismo es consciente de esta debilidad y hace del Holocausto la columna vertebral del nacionalismo israelí. Al fin y al cabo no está llevando a cabo nada diferente de lo que no haya hecho occidente en su proyecto colonial en el sur global: invadir naciones, tomar control de sus recurso naturales, deshumanizar a sus poblaciones, despojarlas de sus hogares, masacrarlas, destruir su legado y su memoria histórica. Técnicas que no pesan tanto en la implacable conciencia blanca en esa parte del mundo.

Parece mentira, en la era de Black lives matters, donde habíamos recuperado la esperanza de construir un futuro más justo, basado en hacer justicia a través de la relectura antirracista de la historia, acabar con la supremacía blanca y conseguir un mundo más igualitario, justo y libre para todxs. Nos hallamos ante la retransmisión de un genocidio con el beneplácito de EEUU y Europa y que cualquier manifestación en contra de él o crítica es criminalizada y silenciada en nombre del antisemitismo.

No es antisemitismo es descolonización y su instrumentalización es insostenible porque posa sobre un proyecto colonizador que lleva matando civiles desde más de 70 años transgrediendo todas las leyes internacionales sin ningún tipo de consecuencia.

No es antisemitismo es descolonización y su instrumentalización es insostenible porque posa sobre un proyecto colonizador que lleva matando civiles desde más de 70 años transgrediendo todas las leyes internacionales sin ningún tipo de consecuencia. No podemos permitir que se siga cometiendo más crímenes en una falsa compasión y solidaridad occidental que sigue permitiendo, mediante su apoyo a la narrativa sionista, la jerarquización racial donde unas vidas valen más que otras.

Y entre todo esto estamos nosotros hijos/as de la diáspora y los pueblos del sur global llevando el duelo de la causa Palestina porque representa la herencia de lucha por la libertad, la dignidad y los derechos de todos los pueblos masacrados y colonizados. Porque Palestina nos recuerda que el monopolio occidental y el colonialismo siguen vivos y que la lucha contra ellos sigue siendo necesaria y obligatoria. Porque los certificados de muerte de bebés que ni siquiera se pudo certificar su nacimiento nos muestra que no tenemos derecho a la vida y de hablar desde ella. Porque toda esta violencia nos llama a señalar a la blanquitud que limpió sus crímenes en la espalda de un pueblo inocente.

Seguimos viviendo el duelo de la pérdida de nuestra humanidad y la lucha por conseguirla. Una batalla que no podemos seguir librando solos y en la que apelamos a las sociedades occidentales a unirse a ella y parar de perpetuar la existencia de un sistema violento y racista. Como dijo Fanon, la descolonización se llevará a cabo con “la ayuda decisiva de las masas europeas es necesario que lo reconozcan, se han alienado en cuanto a los problemas coloniales en las posiciones de nuestros amos comunes. Para ello, será necesario primero que las masas europeas decidan despertarse, se desempolven el cerebro y abandonen el juego irresponsable de la bella durmiente del bosque” (Fanon: 2017, 83).

Palestina no puede seguir siendo el duelo sólo de una parte del mundo porque no podemos permitir que la vida y dignidad de las personas se construyan a través de jerarquías raciales. Seguir permitiéndolo es abrir el camino hacia un futuro lleno de violencia, injusticia y desigualdad que será capaz de crear más categorías en la naturaleza humana. Poniendo en riesgo nuestra libertad como humanos. Palestina es la causa de todxs porque la humanidad en pleno siglo XXI no puede ser un bien por conseguir. ¡PALESTINA LIBRE!

es_ESSpanish